Los territorios de los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta se enfrentan al cambio climático
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En la cuenca del Mendihuaca, al norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, estamos llevando a cabo actualmente un importante programa de seguimiento territorial con las comunidades kogi. A petición de nuestros socios indígenas, esta misión de campo tiene como objetivo evaluar el impacto del último frente frío que azotó el mar Caribe y provocó graves trastornos en toda la región.
Desde hace varias semanas, las fuertes lluvias y la repentina subida de los niveles de agua han afectado profundamente a los territorios ancestrales de los pueblos kogi, wiwa y arhuaco, así como a las infraestructuras que conectan a las comunidades con el resto del país. Los residentes locales describen este episodio como uno marcado por una ferocidad inusual de los elementos. Varios ríos se han desbordado y el acceso a determinadas zonas se ha vuelto extremadamente difícil.
Entre los incidentes más significativos se encuentra el derrumbe parcial del puente de Mendihuaca en la Troncal del Caribe, una ruta estratégica entre Santa Marta y La Guajira. Debilitado por la repentina crecida del río y la erosión de sus cimientos, el puente tuvo que cerrarse con carácter de urgencia, lo que aisló temporalmente a varias comunidades y perturbó gravemente la circulación de personas, el suministro de alimentos y los servicios sanitarios.
Las consecuencias son de gran alcance. En varias zonas, las familias kogi han visto dañadas sus vías de acceso, afectados sus cultivos y debilitadas algunas infraestructuras comunitarias. Más allá de los daños materiales, estos sucesos sirven como un claro recordatorio de la creciente vulnerabilidad de los territorios indígenas frente al cambio climático.
Para los pueblos de la Sierra Nevada, estos desequilibrios medioambientales no son meros desastres naturales, sino que reflejan una profunda alteración del equilibrio entre la humanidad y la naturaleza. Los líderes espirituales kogi llevan mucho tiempo advirtiendo de la necesidad de preservar los ecosistemas y los ciclos naturales de los que depende la vida en la Sierra. En respuesta a esta situación, el equipo de Tchendukua está trabajando actualmente junto a las comunidades para documentar los impactos, identificar las necesidades prioritarias y apoyar la toma de decisiones colectiva que ayude a respaldar a las familias afectadas y a fortalecer la resiliencia del territorio. Este proceso de seguimiento es esencial; no solo nos permite medir las consecuencias concretas de estos fenómenos meteorológicos extremos, sino también seguir amplificando las voces de los pueblos indígenas, los guardianes de un territorio que ahora son las primeras víctimas de los trastornos medioambientales globales.
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