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Las mujeres indígenas y la Madre Tierra

Por Gladys Laverde, traducido por Lise Fabbro

Las mujeres han sido el pilar de la vida y la continuidad de la cultura a lo largo de la historia y en las diferentes sociedades. A lo largo de la historia, las mujeres indígenas han desempeñado un papel importante —aunque en gran medida invisible— a la hora de garantizar la preservación de las identidades culturales de los pueblos indígenas, que son diversas y están profundamente arraigadas en su relación con la Madre Tierra, sus propios sistemas de gobierno, su resistencia histórica y sus conocimientos ancestrales.

Para los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta (SNSM) en Colombia, «la mujer es la expresión más sencilla y elevada de la tradición: es la MADRE, la creadora. De ella nacieron la raza humana, la tierra negra y fértil, las plantas, los animales y toda la naturaleza. Todos son hijos de la Madre y están sujetos a la Ley de la Madre, que es la que nutre y guía la Vida. Ella es la esencia misma de la Ley del Origen» (1).

Tradicionalmente, se ha comparado a las mujeres con el agua: «Aluna Jaba (2) transmitió sus conocimientos a las primeras mujeres; las mujeres y madres de hoy transmiten sus conocimientos a las generaciones más jóvenes, basándose en los principios de la Madre. Por eso nuestras mujeres son como Ninudla Jaba (3), como el agua, el fundamento básico que cuida de todo y da vida» (4).

Las mujeres indígenas conocen el ciclo de la vida y los ciclos de la Tierra desde tiempos ancestrales; reconocen a la naturaleza como una madre que sustenta su vida cotidiana. La Tierra no es meramente un recurso; es un ser vivo con el que están sagradamente conectadas. Solo cuidándola, tanto en el pensamiento como en el mundo físico, pueden sostenerse las familias y las comunidades. «Somos la encarnación de la naturaleza; formamos parte de ella y ella forma parte de nosotras. La cuidamos y ella nos enseña y nos nutre. Por eso, la fuerza de los pueblos indígenas reside esencialmente en la espiritualidad que la naturaleza nos ha transmitido en los territorios indígenas» (5).

Las mujeres indígenas también asumen una gran responsabilidad en la vida comunitaria y social de sus pueblos. Son líderes que poseen un profundo conocimiento de sus antepasados. Para los pueblos indígenas del SNSM, «las Sagas —mujeres del mundo espiritual que cuentan con una formación especial, al igual que los mamos— son las guardianas del conocimiento ancestral que les permite mantener un modo de vida holístico y equilibrado. Transmiten los conocimientos que han adquirido y apoyan a sus hijos y a la comunidad, tal y como lo hace la Madre Tierra… Dado su potencial femenino, su labor espiritual y comunitaria es muy exigente, pues, después de la Madre Tierra, ella es la fuente principal con capacidad para reproducir la vida, lo que significa que su responsabilidad cultural es inmensa».

Son las mujeres indígenas quienes transmiten oralmente el conocimiento y su conexión con la tierra ancestral; son las primeras en cantar canciones y ofrecer consejos a los niños, mientras tejen sus mochilas. Son las primeras en enseñar su lengua, asegurando su supervivencia a lo largo del tiempo. Son ellas quienes mantienen la relación más estrecha con las fuentes de agua, los manantiales y los arroyos de los que extraen el agua que necesitan para su consumo. Comprenden la naturaleza sagrada de estos lugares, que cuidan gracias a sus conocimientos ancestrales.

Desempeñan un papel fundamental en la seguridad alimentaria, que gestionan a pequeña escala, desde la siembra de las semillas hasta el cuidado de los cultivos, la cosecha y la preparación de los alimentos. Hilar y tejer mochilas son prácticas de gran importancia dentro de la familia y para la sostenibilidad de la cultura. Este trabajo debe valorarse y reconocerse, dada la difícil distinción entre el trabajo productivo y el reproductivo que realizan.

En un mundo en el que cada vez es más urgente cuidar de nuestra «casa común», las mujeres indígenas tienen mucho que enseñarnos, pero aún queda un largo camino por recorrer para valorar y reconocer su trabajo, abordar las desigualdades de género, hacer frente a los diversos contextos en los que se violan sus derechos y fortalecer y amplificar sus voces, que han demostrado una notable resiliencia y determinación en la defensa de la vida y de sus territorios.

[1] Zalabata, L. «Mujeres indígenas». Anuario Hojas de Warmi. 2012, n.º 17. Seminario: Debates sobre mujeres y género. En: https://revistas.um.es/hojasdewarmi/article/view/180281

[2] Koggian: Madre del pensamiento

[3] Koggian: Madre que representa el agua

[4] Palabras de Mamo Luntana en: Consejo Territorial de los Cabildos. 2016. Sistema de conocimiento ancestral de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. En: https://patrimonio.mincultura.gov.co/

[5] Zalabata, L. Las mujeres indígenas.

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Las mujeres indígenas y la Madre Tierra

Las mujeres son el pilar fundamental de la vida y de la continuidad de la cultura a lo largo del tiempo y en las diferentes sociedades. Son las mujeres indígenas quienes, a lo largo de la historia, han desempeñado un papel importante —aunque en gran medida invisible— al garantizar la preservación de las identidades culturales de los pueblos indígenas —diversas y profundamente arraigadas en su relación con la Madre Tierra—, así como de sus sistemas de autogobierno, resistencia histórica y conocimientos ancestrales.

Para los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta (SNSM) —Colombia— «las mujeres son la expresión más sencilla y suprema de la tradición: son la MADRE, la creadora. De ella proceden la raza humana, la tierra negra y fértil, las plantas, los animales y toda la Naturaleza. Todos somos hijos de la Madre y estamos sujetos a la Ley de la Madre, que es quien cuida y guía la Vida. Ella es la esencia misma de la Ley del Origen[1]».

Desde tiempos inmemoriales, las mujeres también han sido como el agua: «Aluna Jaba[2] transmitió sus conocimientos a las primeras mujeres; las mujeres y madres de hoy transmiten sus conocimientos a las generaciones más jóvenes, basándose en los principios de la Madre. Por eso nuestras mujeres son como Ninudla Jaba[3], como el agua: el fundamento básico que nutre todo y da vida[4]».

Las mujeres indígenas comprenden el ciclo de la vida y los ciclos de la Tierra; desde tiempos inmemoriales, la naturaleza ha sido reconocida como una Madre que sustenta la vida cotidiana. La Tierra no es meramente un recurso; es un ser vivo con el que están sagradamente conectadas. Solo cuidándola, tanto en el pensamiento como en el mundo físico, pueden sostenerse las familias y las comunidades. «Somos la encarnación de la Naturaleza; formamos parte de ella y ella forma parte de nosotras. La cuidamos, y ella nos enseña y nos moldea. Por eso, la fuerza de los pueblos indígenas reside esencialmente en la espiritualidad que nos transmite la Naturaleza dentro de los territorios indígenas[5]»

Las mujeres indígenas también asumen una gran responsabilidad en la vida comunitaria y social de los pueblos indígenas. Son mujeres líderes que poseen un profundo conocimiento de las tradiciones ancestrales. Para los pueblos indígenas del SNSM, las Sagas —mujeres especialmente formadas en el ámbito espiritual, al igual que los mamos— son las guardianas del conocimiento ancestral que permite mantener el equilibrio de la vida holística. Llevan en su interior el conocimiento del hogar; nutren a sus hijos y a la comunidad tal y como lo hace la Madre Tierra… En la medida de su potencial femenino, su labor espiritual y comunitaria es muy exigente, ya que, después de la Madre Tierra, son la fuente principal capaz de reproducir la vida; lo que significa que su responsabilidad cultural es inmensa».

Son las mujeres indígenas quienes transmiten el conocimiento y su conexión con el territorio ancestral a través de la tradición oral; son ellas quienes entonan las primeras canciones y orientan a los niños mientras tejen sus mochilas. Son las primeras maestras de su lengua, velando por su conservación a lo largo del tiempo. Son ellas quienes mantienen la relación más estrecha con las fuentes de agua —los manantiales y arroyos de los que obtienen agua para el consumo—. Y comprenden el carácter sagrado de estos lugares, que protegen gracias a sus conocimientos ancestrales.

Desempeñan un papel fundamental en la seguridad alimentaria, que garantizan a pequeña escala mediante la siembra de semillas, el cuidado de los cultivos, la cosecha y la preparación de los alimentos. Hilado y tejido de la mochila son prácticas de gran importancia en lo que respecta al papel de la mujer dentro de la familia y a la continuidad de la cultura. Es necesario valorar y reconocer este trabajo, dada la difícil distinción entre el trabajo productivo y el reproductivo que realizan.

En un mundo en el que el cuidado de nuestra «casa común» es cada vez más urgente, las mujeres indígenas tienen mucho que enseñarnos; sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer para valorar y reconocer su trabajo, para abordar las desigualdades de género, para hacer frente a los diversos contextos que vulneran sus derechos y para empoderarlas y amplificar sus voces —voces que han demostrado una notable resiliencia y determinación a la hora de defender la vida y sus territorios.

[1] Zalabata, L. «Mujeres indígenas». Anuario de Hojas de Warmi. 2012, n.º 17. Seminario: Debates sobre mujeres y género. En: https://revistas.um.es/hojasdewarmi/article/view/180281

[2] Koggian: Madre del Pensamiento

[3] Koggian: Madre que representa el agua

[4] Palabras de Mamo Luntana en: Consejo Territorial de los Cabildos. 2016. Sistema de conocimiento ancestral de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. En: https://patrimonio.mincultura.gov.co/

[5] Zalabata, L. Mujeres indígenas.

© Crédito de la foto: Gladys Laverde. Sierra Nevada de Santa Marta, febrero de 2024.

© Crédito de la foto: Eric Julien. Sierra Nevada de Santa Marta, febrero de 2024.

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